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miércoles, 14 de noviembre de 2012

¿Quiero lo que quiero querer?


Con este título disfrazado de galimatías quisiera referirme hoy más en profundidad a esa discrepancia que apuntaba en el artículo Encontrar pareja o el juego de las comparaciones con respecto a nuestro arquetipo de pareja ideal y la pareja que realmente encontramos.

Efectivamente, quien más y quien menos tiene en mente el compendio de virtudes y atributos que debiera atesorar una persona para convertirse en nuestra pareja ideal. Si fuéramos requeridos para ello, fácilmente podríamos enumerar las características imprescindibles y las ideales que debería reunir ese arquetipo que hemos forjado en nuestra mente.

Sucede que en cambio luego poco o nada tienen que ver las parejas que efectivamente tenemos con ese ideal de pareja que nos hemos construido. Y no solamente existen serias discrepancias en las características ideales o sublimadas, sino que los propios requisitos básicos que nos habíamos autoimpuesto a la hora de encontrar pareja son sistemáticamente incumplidos por el/la nuevo/a inquilino/a de nuestro corazón.

Esta divergencia sería difícilmente asimilable en cualquier otro campo distinto del referido a la acción de encontrar pareja. Difícilmente alguien entra en un concesionario para comprar un deportivo y acaba adquiriendo un monovolúmen, o que alguien que se declara vegetariano convencido llene el carrito de la compra de chuletas. En cambio, por alguna razón aceptamos como habitual y hasta lógico que alguien que en periodos de soltería emocional proclama que sólo podría enamorarse de alguien -pongamos- provisto de un inquebrantable sentido del humor acaba emparejado/a con una persona eternamente malhumorada.

¿Dónde está aquí el punto de fuga?. ¿No sabemos lo que queremos o nos conformamos con querer lo que no queremos?. En próximas entradas profundizaremos en Quiero encontrar pareja en este curioso asunto.    

martes, 13 de noviembre de 2012

Encontrar pareja o el juego de las comparaciones


Dicen que la vida es lo que nos va ocurriendo mientras hacemos planes. De forma parecida, el amor serían aquellas experiencias que tenemos en lo que esperamos que aparezca nuestra pareja ideal.

Quiero decir con esto que todos tenemos una idea más o menos clara de cómo debería ser la pareja que queremos encontrar, nuestro ideal de amor. Esta idea puede evolucionar a lo largo de nuestra vida, pero siempre subyace y de alguna manera condiciona nuestro grado de satisfacción respecto de las parejas que realmente encontramos.

Acontece entonces que tendemos a superponer a nuestra pareja real sobre el cliché que nos hemos creado respecto a la pareja que nos gustaría tener, y las diferencias existentes las colocamos en el debe de nuestra pareja, como si la misma fuera culpable de no corresponderse de manera milimétrica con nuestro arquetipo de media naranja.

La situación se agrava aún más en aquellos casos en que no contentos con establecer una comparativa entre la pareja que acabamos de encontrar y nuestro ideal de pareja, hacemos lo propio entre aquélla y el resto de parejas que hemos tenido. Aún peor, llegamos a comparar la pareja que acabamos de encontrar con una selección de las virtudes de cada pareja que previamente hemos tenido, obviando además los defectos de las mismas.

- Pues fulanito era mucho más fogoso que tú (también era mucho más infiel que tú, pero eso no te lo reconocerán nunca)
- Pues menganita en esto me hubiera apoyado (y luego te hubiera pedido prestada la visa)

Desde Quiero encontrar pareja os recomendaría que supiérais diferenciar entre el concepto de situación ideal y la realidad misma, y le diérais a la realidad la posibilidad de demostrar que -en ocasiones- supera cualquier ideal previamente elaborado.   


Psicum: Encontrar pareja no tiene precio