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jueves, 10 de enero de 2013

Encontrar pareja por internet: poniendo límites


Si digo que todos tenemos un precio posiblemente se me malinterprete. No me estoy refiriendo a que seamos capaces de traicionar nuestros ideales y entorno a cambio de una determinada cantidad de dinero, sino a que en algunas circunstancias somos capaces de ceder en algunos puntos cuando recibimos determinados estímulos, máxime si los puntos y los estímulos tienen que ver con las sensaciones y los sentidos.

Por utilizar un ejemplo: una persona puede amar a su pareja con locura y ni plantearse serle infiel, pero si un día recibe un sobre a su nombre de alguien que firma como  un admirador/a secreto, casi con toda seguridad leerá la carta. Y si le sorprendemos en el acto, dirá que le picó la curiosidad, lo cual sólo será parcialmente verdad: en el fondo le pudo la vanidad y esa indescriptible y poco confesable sensación que nos recorre el cuerpo cuando nos sabemos atractivos para alguien.

Cuando se trata de encontrar pareja por internet también entran en juego esos elementos que hacen vacilar nuestros principios y concepción de nosotros mismos, incluso aún más que al buscar el amor en la vida real. Amparados por esa falsa seguridad que nos proporciona internet y en concreto las webs de contactos, nos metemos a veces en terrenos peligrosos de los cuales luego nos resulta más complicado escapar de lo que inicialmente habíamos previsto.

Por descender a los casos concretos, en internet es más fácil que en la vida real acabar inmerso en un triángulo amoroso cuando meramente queríamos encontrar pareja. Está comprobado que hacemos cosas a través de la red que no haríamos en el día a día, tal vez porque nos parezca que no las estamos realizando en realidad. Y luego, un buen día, sin saber cómo, resulta que nos hemos enamorado de alguien para quienes apenas somos una distracción o esa pimienta que le falta en su matrimonio. Luego llegan las promesas de divorcio que rara vez se materializan, el mañana lo haré, el necesito tiempo, etc. 

Sería interesante ponerse a la hora de encontrar pareja por internet los mismos límites que nos aplicamos en la vida real, y no rebajar nuestro precio sean cuales sean las circunstancias.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Encontrar pareja en internet: vamos a contar mentiras

Me surge la idea de este artículo al hilo de los resultados de la encuesta que comentábamos en la entrada Encontrar pareja en internet: estadísticas, y en concreto la parte que hacía relación al hecho de que al buscar pareja en la red mentimos un 70% más de lo que lo hacemos al ligar en persona.

¿Por qué mentimos al buscar el amor en internet?. Obviamente, estar parapetados tras un ordenador nos da cierta impunidad para mentir sobre cuestiones impensables en una cita cara a cara, tales como la edad, estatura, peso y hasta el sexo. Pero aquí subyace una cuestión más profunda que el hecho de tener la oportunidad de mentir, y es el hecho de que quien miente sobre cuestiones importantes no tiene realmente intención de encontrar pareja, entendiendo por encontrar pareja el hecho de refrendar el sentimiento surgido en internet en una cita en persona.

Evidentemente, hay gradaciones de mentiras. No es lo mismo añadirse un par de centímetros de altura de más y otros tantos de perímetro abdominal de menos que directamente restarle más de diez años a la edad de nuestro documento de identidad. Hay, por tanto, mentiras de las que se puede salir con un mínimo de dignidad si la persona nos interesa (y obviamente si nos perdona) y otras mentiras que -cual alud incontenible- nos persiguen hasta arrollarnos y enviarnos ladera abajo hasta el barranco del olvido (por así decirlo)

Hay mentiras comprensibles, fruto a veces de la desesperación. Entras en una web para encontrar pareja, conoces a alguien que te gusta de verdad, chateas con él/ella y te sube ese cosquilleo desde la boca del estómago que ya has aprendido a identificar. Y de repente tu interlocutor/a virtual te descoloca al confesarte que busca una cualidad objetiva/física (aquí cabe desde una franja de edad determinada hasta una altura, densidad de cuero cabelludo o ausencia de michelines) que tú no posees. Es hasta cierto punto normal que te atribuyas esa cualidad inexistente en la confianza de que el tiempo y tus muchos encantos acaben por convertir dicho requisito exigido de contrario en una mera cuestión secundaria.

El problema es que, como decimos, la finalidad de entontrar pareja en internet entraña una segunda fase que implica un cara a cara. Y llegados a ese punto del inevitable camino cuando nos asalta la duda: ¿Se lo digo antes de quedar? ¿Se lo explico cuando nos veamos? ¿Le doy plantón?

Dejo el final abierto, no me atrevo a aconsejar nada al respecto. Sólo añadir a modo de apostilla que encontrar pareja, sea en internet o en la vida real, implica desnudarnos antes que disfrazarnos.


miércoles, 26 de diciembre de 2012

Los restos del naufragio


Si nos referimos al amor, casi todos hemos sufrido algún fracaso, algún sonado naufragio. La nave de dos en la que viajábamos se ha hundido sin más, o se ha ido escorando poco a poco hasta ver comprometida la seguridad de los ocupantes. A veces el otro tripulante de la nave abandonó el barco a toda prisa, a veces os hundísteis los dos en un acto estéril de cabezonería. A veces meramente la nave de dos guardaba algún insospechado polizón...

Pero, sea como fuere, hemos sobrevivido al naufragio. E inasequibles al desaliento un buen día decidimos embarcarnos otra vez.

- Quiero encontrar pareja-, decimos al enrolarnos.

Pero es inevitable que en nuestro segundo viaje, y más aún si es el tercero, o el cuarto, o el quinto, nuestro equipaje esté compuesto por los restos de anteriores naufragios que la resaca arrastró hasta nuestra orilla. Es inevitable que cuando decimos quiero encontrar pareja tengamos referentes y señales a evitar, que ante la más mínima señal de zozobra nos pongamos a la defensiva o nos montemos en el bote salvavidas.

Sin embargo, nada hay que nos diga que tras la leve tormenta que atisbamos ha de repetirse el inexorable desmenuzarse de nuestro pequeño cascarón de esperanza, que lo que parece una galerna a duras penas es un leve aguacero que antecede a una mañana soleada. Que nuestro copiloto sigue el mismo rumbo que nuestro corazón y que, en el peor de los casos, somos capaces de sobrevivir a la peor de las catástrofes, e inasequibles al desaliento, cruzar otra vez la pasarela de una nueva embarcación con nuestro sempiterno soniquete:

- Quiero encontrar pareja.

martes, 25 de diciembre de 2012

Quiero encontrar pareja estas navidades


Tendemos a pensar que los sentimientos son impermeables, que brotan de forma espontánea en nuestro corazón, ajenos a la realidad -o a la percepción que tenemos de dicha realidad - que nos envuelve.

Pero no. Cuando verbalizamos un sentimiento o un anhelo de sentimiento tal como "quiero encontrar pareja", lo hacemos respondiendo a una combinación de estímulos que nos llegar de forma más o menos perceptible desde el exterior, y que en nuestro fuero interno hacemos reaccionar bajo una toma de decisiones como la expuesta. 

Así, cuando nos decimos Quiero encontrar pareja, lo hacemos motivados por una serie de estímulos que tienen tanto que ver con nuestros propios biorritmos como con inputs de diferente naturaleza que captamos de nuestro entorno. Lo veremos mejor con un ejemplo aplicado al título de nuestra entrada de hoy.

Llegan las navidades y estamos solos. Llevamos solos -pongamos- ya varios meses, pero nuestro ritmo de vida frenético y algo salvaje desde un punto de vista social no nos ha llevado a considerar como algo relevante y de urgente solución nuestra situación personal. 

Pero entonces llega la navidad, las vacaciones. Disponemos de más tiempo para pasarlo con nosotros mismos, y por si fuera poco nos asaltan los diferentes compromisos sociales. Comida aquí, cena allá, aperitivo por el otro lado. Amigos, familia, amigos de la familia, familia de los amigos... y en todos los sitios y compañías, la misma pregunta: 

- ¿Y tú no tienes pareja?

Y no, no tienes pareja, y ni tan siquiera te habías planteado que no tenerla era algo anómalo. Y respondes.

- No, no tengo. Y tampoco quiero encontrar pareja.
 
Pero luego llegas a tu casa, y tu casa parece más grande, fría e impersonal que cuando la dejaste unas horas antes. Y le echas una segunda manta a tu cama, y duermes unas pocas horas. Y a la mañana siguiente, sin ser consciente del por qué, murmuras:

- Quiero encontrar pareja estas navidades.


lunes, 17 de diciembre de 2012

Quiero encontrar una pareja que me quiera como soy


No me digáis que no habéis leido/escuchado/¿dicho? esta frase alguna vez:

Quiero encontrar una  pareja que me quiera como soy.

Si la análizamos con un mínimo de detenimiento llegaremos a la conclusión de que se trata de una perogrullada: Si alguien nos quiere, obviamente nos ha de querer tal como somos. No obstante, convendréis conmigo que esta frase, con ligeras variaciones, se repite en distintos ambientes con la suficiente frecuencia como para indicar que en muchos casos tenemos la percepción de que hay personas que quieren encontrar pareja no en nosotros sino a través de nosotros.

Me explico.

Más o menos todos tenemos claro qué tipo de candidato/a quisiéramos encontrar cuando manifestamos quiero encontrar pareja. Lo que nos diferencia es que mientras unos buscan -con mayor o menor fortuna- a alguien que encarne a ese arquetipo que tienen en mente, otros se conforman -por así decirlo- con un tipo de persona distinto del que constituiría su verdadero objetivo, y tratan a posteriori de cambiarlo a fin de conseguir que la pareja que han conseguido encontrar se parezca a la pareja que hubieran querido encontrar.

Y claro, llega un momento en que la otra mitad de esa relación se da cuenta de que su pareja no le quiere tal como es, que a duras penas para su pareja es un proyecto defectuoso y muy mejorable de lo que debiera ser para estar a la altura de sus expectativas. 

Aceptar una relación de ese tipo entraña entrar en una fase de autodestrucción que además estará de antemano condenada al fracaso. Nadie se convierte en una persona distinta de la que es, y aunque lo consiguiera, esa persona que quiere encontrar pareja a través tuyo, a pesar tuyo, siempre será consciente de que en realidad no quiere estar contigo.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Quiero encontrar una pareja como la que perdí


Este título encuandra una tragedia que suele desarrollarse en tres actos.

Acto primero: Alquien teclea en su buscador favorito de internet: "Quiero encontrar pareja", y efectivamente, pasado el tiempo encuentra una pareja en internet con la que mantiene una intensa historia de amor que por alguna razón termina.

Acto segundo: Transcurrido un tiempo la persona protagonista de nuestra tragedia echa la vista atrás y se lamenta de haber echado a perder esa bonita historia de amor. Poco a poco los defectos o desencuentros en base a los cuales dicha relación de pareja que un día consiguió encontrar en internet se van esfumando, perdurando sólo las virtudes de la pareja que perdió y los buenos momentos vividos con ella y, pasado un cierto tiempo y ante la imposibilidad de retomar la vieja relación, decide volver a teclear en su buscador favorito de internet: "Quiero encontrar pareja". 

Hay que hacer notar llegados a este punto de la historia que aunque la persona protagonista  no introduce ningún parámetro más en la búsqueda, en el fondo lo que desearía haber escrito en el buscador es: Quiero encontrar en internet una pareja como la que perdí.

Acto tercero: Como internet todo lo puede, un tiempo después nuestra persona protagonista consigue encontrar una nueva pareja con la que comienza una intensa historia de amor. Pero poco a poco aquélla empieza a percibir como defectos de su nueva pareja el hecho por otra parte inevitable de que en muchos aspectos la nueva pareja no se parezca a la pareja que perdió. Termina así esta historia de amor, extrangulada entre las inasumibles exigencias de una parte y la decepcionante alienación respecto de su propia relación de la otra.

Epílogo: Y pasa el tiempo y la persona protagonista de nuestra tragedia en tres actos se da cuenta que ha sido injusta con la segunda relación, y que los defectos que creyó percibir no eran tales, siendo incluso puestos en perspectiva sólidas virtudes que aún mejoraban las que atesoraba la primera pareja que consiguió un día encontrar en internet.

Y así alguien teclea en su buscador favorito de internet: "Quiero encontrar pareja", aunque en el fondo quisiera escribir: Quiero encontrar una pareja como la que perdí en segundo lugar.


lunes, 10 de diciembre de 2012

Quiero querer encontrar pareja


A veces sentimos hambre y otras veces no tenemos hambre pero nos apetece comer en un determinado restaurante que nos han recomendado. Acabamos comiendo en los dos casos -si tenemos dinero-, pero son dos cosas diferentes. 

Igual no es el mejor ejemplo, pero es que que se me ha ocurrido para explicar las diferencias entre el "quiero encontrar pareja" y el "quiero querer encontrar pareja". En el primer caso hay un estado emocional que surge de manera espontánea y no calculada y que nos lleva a ser más receptivos ante la posibilidad de encontrar al alguien con quien compartir siquiera un periodo de nuestra vida y todos los sentimientos que quepan en el mismo. El segundo, en cambio, viene más por la vía de lo que quedaría bien (por edad, convencionalismos sociales...) o lo que convendría en un momento determinado (de nuevo por edad, por estar todo el mundo emparejado en el círculo en que la persona se mueve, etc)

A riesgo de resultar moralista, si tus motivos para querer encontrar pareja tienen más que ver con el segundo enunciado que con el primero, sería bueno que tuvieras en cuenta que -para el caso de que realmente encuentres pareja- cabe la posibilidad de que la pareja que encuentres se halle en el primer supuesto, y no sería justo que vuestras motivaciones y expectativas respecto de vuestra incipiente relación fueran tan dispares.

No se debería querer encontrar pareja por unos motivos análogos a los que se puede querer comprar unos zapatos con la suela roja. Dice poco de quien es capaz de conjugar el verbo amar porque es lo que se lleva esa temporada y, por una de esas leyes no escritas de la naturaleza, tarde o temprano se puede acabar probando la misma medicina y enamorarse  de alguien que está contigo sólo porque ha decidido que tu color de ojos pega con la mayor parte de su fondo de armario.


jueves, 6 de diciembre de 2012

Quiero encontrar pareja a tiempo parcial


Dicen que nuestra generación es la generación del ocio, pero eso es sólo parcialmente verdad. Disponemos, eso es cierto, de más tiempo libre del que dispusieron nuestros padres. En cambio, y a diferencia de nuestros padres, el tiempo libre del que disponemos nos parece poco.

Esa sensación de que a nuestros días les faltan horas para dedicarlas a lo que nosotros queremos también se ha trasladado a las relaciones de pareja. Superados los mese cercanos en el tiempo al acto de encontrar pareja, esos meses en que no se concibe la más mínima actividad sin la participación y presencia del otro, llega un momento en que el hecho de tener pareja choca con la necesidad de disponer de tiempo libre para hacer otras actividades que poco o nada tienen que ver con la vida en pareja.

Es entonces cuando surge la propuesta que cada vez más se percibe en los sitios de dating en internet, y que reza algo así como: "quiero encontrar pareja a tiempo parcial". Esto es, se trata de iniciar una relación que ya en sus orígenes no tenga vocación de acaparar la totalidad de la jornada e inquietudes de aquéllos que la conforman. Se trataría -quiero suponer- de ponerle horarios al amor y al compromiso y alternar lo mejor de ambos mundos de mútuo acuerdo: ahora tengo pareja, ahora no la tengo.

Nada que objetar, cualquier pacto si es libre y consentido me parece  correcto y respetable. Lo que no acierto a adivinar es si dicho proyecto de pareja a media pensión puede mantenerse por mucho tiempo sin afectar a la estabilidad de la pareja. Tarde o temprano alguien querrá hacer planes de futuro, saber que puede contar con el otro más allá de unos horarios preestablecidos, tener hijos con un padre/madre a tiempo completo, etc.

En definitiva, que como fase en una relación mantenida ente miembros de una determinada edad y bajo unos prerrequisitos concretos lo de quiero encontrar pareja a tiempo parcial tiene un pase, pero a nivel particular no le veo una viabilidad muy clara.

¿Qué pensáis?

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Quiero encontrar pareja gratis en internet en menos de una hora


Reconozcámoslo: hay una ley no escrita que nos impele a pensar que todo lo que podemos obtener en internet ha de ser gratis, tiene un valor intrínseco igual o parecido a cero y se ha de obtener en menos de diez segundos.

Empezando por el final de lo anteriormente expuesto y meramente a modo de ejemplo: hay estudios que demuestran que los seres humanos empezamos a ponernos histéricos cuando llevamos más de veinte minutos sin avanzar en una cola (salvo que la cola la conformen un puñado de preadolescentes con intención de ver un concierto de Justin Bieber, en cuyo caso ya vienen histéricas de casa). En cambio, cualquier lapso de espera superior a diez segundos en internet puede ocasionar destrozos diversos en el mobiliario del internauta.

Cuando se trata de entontrar pareja en internet aplicamos inconscientemente estas leyes. Y ya no entro en la gratuidad que relacionamos con todo lo que tenga que ver con el ciberespacio y que hace que consideremos completamente lógico y legítimo que una agencia matrimonial de las tradicionales cobre por propiciar encuentros sentimentales entre parejas con perfiles compatibles, pero paralelamente demonicemos y tachemos como actividad próxima a la estafa que una empresa haga exactamente lo mismo en internet.

No. En esta ocasión vengo a referirme a esa minusvaloración que hacemos a la hora de encontrar pareja en internet con relación a esas personas que conocemos al otro lado de la red.

Lo explicaré con un ejemplo: Un hombre pasea por un bulevar cuando de repente ve sentada en una cafetería a una mujer que le resulta atractiva. Sin pensánselo dos veces se aproxima a ella y le dice:

- Oye, ¿quieres sexo conmigo?. Responde ya porque si no se lo pido a la de la mesa de al lado.

Este arranque de romanticismo -salvo en caso de gañanes de nivel diez, que también los hay- es impensable en la vida real. Pero en cambio se da con una frecuencia apabullante cuando se trata de encontrar pareja en internet. Y la pregunta es, ¿acaso las personas al conectarse a la red son de alguna incomprensible manera degradadas moralmente, hasta tal punto que se las puede tratar como género cárnico al por mayor? ¿Es que la pareja que se pueda encontrar en internet tiene alguna tara inconfesable que hace que no nos esforcemos en demostrarle que nos interesa más allá de unos minutos de preliminares?

Dejo ahí las cuestiones. No sé qué opináis vosotros.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Encontrar pareja: la virtud es la culpable



Según un estudio recientemente realizado, las parejas heterosexuales en las que los hombres colaboran en las tareas de la casa tienen un porcentaje mucho mayor de divorcios que aquéllas en las que la mujer se ocupa en exclusiva de las labores domésticas. 


Se justifica parcialmente dicha aparente paradoja en el hecho de que para las parejas con un enfoque moderno de su relación la ruptura de la misma es más asumible tanto desde un prisma de mentalidad como desde la óptica de una mayor independencia económica de ambos. En cambio, en las parejas con las tareas más compartimentadas (el hombre trabaja fuera de la casa y la mujer dentro) la mentalidad es más tradicional y además hay una mayor dependencia económica de la mujer respecto del hombre.

Sin demérito de lo argumentado en el párrafo anterior, resulta como mínimo reseñable que a la hora de encontrar pareja el tipo de hombre que más se acerta al prototipo ideal de la mayoría de mujeres sea el que asimismo conlleva más posibilidades de terminar en una relación abocada al fracaso.

Por otro lado, podríamos contemplar el resultado de dicha encuesta desde otra perspectiva y afirmar que en las parejas en que ambos comparten las labores del hogar es más fácil asumir por ambos que lo que sentían se ha terminado y ponerle remedio, en lugar de seguir arrastrando jornada a jornada el cadáver de algo que ya no existe.

 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

¿Sueñan los androides con parejas eléctricas?


Parafraseando la célebre novela de ciencia ficción pretendo analizar qué es lo que mueve a una persona en un momento dado a plantearse "quiero encontrar pareja", y si esa necesidad/querencia es exclusivamente humana o consustancial a la naturaleza en sus diferentes manifestaciones.

El reino animal sería el único que nos proporciona referentes en cuanto a la necesidad de encontrar pareja. Eso sí, aquellas especies en las cuales tras el apareamiento entre el macho y la hembra pervive una relación asimilable a la pareja suele estar ésta basada en dos únicos conceptos: reproducción y protección (de la pareja en sí o de los hijos de la misma). Dos conceptos que podemos resumir en una palabra: supervivencia.

Los humanos en cambio, cuando decimos lo de quiero encontrar pareja pretendemos referirnos a algo más íntimo y menos básico. Cuando pretendemos encontrar una pareja que nos entienda nos quedamos sin equivalencias en el mundo animal (un arce hembra no pretende que un macho la comprenda, y los arces machos ya ni te cuento). Y así con muchas características y motivaciones que decimos tener como justificación de nuestra necesidad de encontrar pareja.

Y esto nos devuelve a la pregunta: ¿los seres humanos somos la única especie sobre la faz que pretende cosas diferentes a la hora de encontrar pareja o bien es que vestimos esa necesidad básica que tienen todos los animales con unas características que en realidad no existen?

Dicho de otra manera -y perdonad por el ejemplo- pero cuando vamos a un restaurante de lujo y mantenemos una educada conversación a la luz de las velas mientras saboreamos un magret de pato a la reducción de Pedro Ximenez, ¿no estamos realizando la misma acción que una hiena ante el cadáver de un ánade, pero vestida/sublimada de forma tal que no parezca que somos en el fondo animales?¿No será eso mismo lo que sucede cuando queremos encontrar motivaciones casi metafísicas al pretender encontrar pareja?

Ahí lo dejo.     

domingo, 25 de noviembre de 2012

Quiero volver a encontrar pareja


El corazón siempre habla, pero casi nunca estamos preparados para escucharlo, o lo hacemos con esa condescendiente cortesía con que atendemos las ocurrencias de los niños.

Pero llega un momento en que el silencio es tan atronador, tan evidente la verdad, que no le queda más remedio a la razón que sentarse a escuchar lo que el corazón proclama. Es en ese instante cuando comprendemos que estamos listos para volver a encontrar una pareja.

Ese instante al que me refiero está sólo a unos pasos del limbo en que nos coloca el desamor, es ese descansillo que conecta días de nada con los primeros escalones de un nuevo camino. Es ese instante en que el dolor y la esperanza pesan lo mismo, y pesan lo mismo lo que ya se perdió y lo que todavía no se ha encontrado.

Quiero volver a encontrar pareja, nos decimos, y al decirlo algo todavía aún duele, como si abriéramos una herida en piel ajena. Olvidar no es una ciencia exacta, es como un caldero que por mucho que laves al calentarlo seguirá oliendo al último plato que cocinó. Pero hay un momento en que el corazón necesita volver a poner en hora el reloj y, en el silencio, la razón escucha el reforzado tic tac del corazón que creía olvidado y se sorprende repitiendo el viejo/nuevo mantra: 

Quiero volver a encontrar pareja.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Encontrar pareja en tiempos de crisis (II)


Decíamos en Quiero encontrar pareja, en el artículo encontrar pareja en tiempos de crisis,  que la precaria situación económica en que vivimos últimamente ha retrasado tanto la consolidación como la liquidación de muchas parejas.

Quiero ahora ir un poco más allá, o más acá si se prefiere, al apartado íntimo de convicción que nos suele acompañar cuando nos planteamos a modo de mantra eso de "quiero encontrar pareja". Me estoy refiriendo a ese estado en que nos vemos con la capacidad anímica y emocional de compartir un sentimiento con otra persona a la que aún no conocemos. 

No debería resultarnos extraño que a la hora de plantearnos encontrar pareja la parte más cerebral que cohabita en nuestro ser encienda un piloto rojo a la que nos empiezan a asaltar esas ideas románticas. ¿Realmente son éstos tiempos de incertidumbre económica los más adecuados para dar el salto al vacío que supone embarcarse en el proceso de encontrar pareja? 

La respuesta sólo puede ser una: definitivamente sí. Inclusive, en Quiero encontrar pareja nos atreveríamos a decir que si hay un tiempo en que se antoja imprescindible buscar el amor es éste. 

La estabilidad de todo ser humano se cimenta en unas pocas pero imprescindibles columnas: la familia, el trabajo, la seguridad, las aficiones, el amor... Si a consecuencia de la crisis se eliminan de nuestro edificio los cimientos que hacen referencia a nuestro ámbito económicolaboral, no pretendamos hacer aún más inestable nuestra cotidianeidad privándonos de tener una vida afectiva rica.

Encontrar pareja en tiempos de crisis


Aparecía el otro día en los informativos la noticia de que a resultas de la crisis económica que nos sacude ha descendido de manera significativa el número de parejas que pone fin a su relación sentimental. Dicho descenso parece ser que halla su causa en la incapacidad de los miembros de la pareja de asumir por separado los gastos propios, básicamente los referidos a la vivienda, que entre dos resultan más soportables.

En Quiero encontrar pareja nos preguntábamos si la crisis afecta también al inicio de las relaciones, de la misma o similar forma en que parece afectar al final de las mismas. Serían varios los factores a considerar: 

Por empezar por el más obvio, aunque no afecte directamente al acto de encontrar pareja, está claro que en un clima de incertidumbre económica el hecho de que dos personas decidan irse a vivir juntos, aunque sea de alquiler y sin grandes dispendios, resulta como mínimo complicado. Se alargan pues los noviazgos o las relaciones de pareja a tiempo parcial, en las cuales cada miembro de la pareja duerme en casa de sus padres, a la espera de tiempos mejores.

Pero es que la crisis incide también a la hora de encontrar pareja, ya que los lugares de ocio tradicionalmente asociados a tales fines implican un desembolso económico al que no todo el mundo puede hacerle frente. Internet, en estos casos, se está convirtiéndo en el sucedáneo low cost de los antiguos lugares comunes para encontrar pareja.

viernes, 23 de noviembre de 2012

El amor como excusa


Venimos refiriéndonos en Encontrar pareja o el juego de las comparaciones y artículos siguientes a la disparidad entre el ideal de pareja que decimos tener y las parejas reales que acabamos teniendo. Remarcábamos que esa disparidad entre lo que queremos hacer y lo que finalmente hacemos no se da -al menos no voluntariamente- en otros aspectos de nuestra vida distintos del de encontrar pareja.

Uno de los aspectos que explicaría esta divergencia choca frontalmente con la idea romántica que tenemos del amor, y lo podemos expresar como sigue: las virtudes que a priori declaramos como irrenunciables en la persona que nos gustaría encontrar a la hora de encontrar pareja son mucho menos importantes que aspectos en teoría más banales como la atracción física que sintamos por esa persona.

Dicho de otra manera más clara: Si alguien nos entra por los ojos somos capaces de enviar por el sumidero el decálogo de cualidades que -proclamamos a quien nos quiera escuchar- ha de tener nuestra pareja ideal. De la misma manera, si dicho decálogo de cualidades se reencarnara en una persona que no despierta en nosotros reacción física o química alguna, dad por seguro que olvidaréis el nombre de esa persona a los diez minutos de que os la hayan presentado.

Y esta es la dura pero sencilla explicación de por qué esas personas que encajan al dedillo con el arquetipo que se suele dar de la pareja ideal (que sepa escuchar, que sea tierno/a, sensible, sincero/a, etc, etc) ven relegada su relación con la persona de la que están enamorados (y que dicho de paso tampoco se corresponde con el arquetipo que se suele dar de la pareja ideal) a la de mejor amigo/a, con suerte, salvo que dichas cualidades vengan acompañadas de un físico envidiable.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

¿Quiero lo que quiero querer?


Con este título disfrazado de galimatías quisiera referirme hoy más en profundidad a esa discrepancia que apuntaba en el artículo Encontrar pareja o el juego de las comparaciones con respecto a nuestro arquetipo de pareja ideal y la pareja que realmente encontramos.

Efectivamente, quien más y quien menos tiene en mente el compendio de virtudes y atributos que debiera atesorar una persona para convertirse en nuestra pareja ideal. Si fuéramos requeridos para ello, fácilmente podríamos enumerar las características imprescindibles y las ideales que debería reunir ese arquetipo que hemos forjado en nuestra mente.

Sucede que en cambio luego poco o nada tienen que ver las parejas que efectivamente tenemos con ese ideal de pareja que nos hemos construido. Y no solamente existen serias discrepancias en las características ideales o sublimadas, sino que los propios requisitos básicos que nos habíamos autoimpuesto a la hora de encontrar pareja son sistemáticamente incumplidos por el/la nuevo/a inquilino/a de nuestro corazón.

Esta divergencia sería difícilmente asimilable en cualquier otro campo distinto del referido a la acción de encontrar pareja. Difícilmente alguien entra en un concesionario para comprar un deportivo y acaba adquiriendo un monovolúmen, o que alguien que se declara vegetariano convencido llene el carrito de la compra de chuletas. En cambio, por alguna razón aceptamos como habitual y hasta lógico que alguien que en periodos de soltería emocional proclama que sólo podría enamorarse de alguien -pongamos- provisto de un inquebrantable sentido del humor acaba emparejado/a con una persona eternamente malhumorada.

¿Dónde está aquí el punto de fuga?. ¿No sabemos lo que queremos o nos conformamos con querer lo que no queremos?. En próximas entradas profundizaremos en Quiero encontrar pareja en este curioso asunto.    

martes, 13 de noviembre de 2012

Encontrar pareja o el juego de las comparaciones


Dicen que la vida es lo que nos va ocurriendo mientras hacemos planes. De forma parecida, el amor serían aquellas experiencias que tenemos en lo que esperamos que aparezca nuestra pareja ideal.

Quiero decir con esto que todos tenemos una idea más o menos clara de cómo debería ser la pareja que queremos encontrar, nuestro ideal de amor. Esta idea puede evolucionar a lo largo de nuestra vida, pero siempre subyace y de alguna manera condiciona nuestro grado de satisfacción respecto de las parejas que realmente encontramos.

Acontece entonces que tendemos a superponer a nuestra pareja real sobre el cliché que nos hemos creado respecto a la pareja que nos gustaría tener, y las diferencias existentes las colocamos en el debe de nuestra pareja, como si la misma fuera culpable de no corresponderse de manera milimétrica con nuestro arquetipo de media naranja.

La situación se agrava aún más en aquellos casos en que no contentos con establecer una comparativa entre la pareja que acabamos de encontrar y nuestro ideal de pareja, hacemos lo propio entre aquélla y el resto de parejas que hemos tenido. Aún peor, llegamos a comparar la pareja que acabamos de encontrar con una selección de las virtudes de cada pareja que previamente hemos tenido, obviando además los defectos de las mismas.

- Pues fulanito era mucho más fogoso que tú (también era mucho más infiel que tú, pero eso no te lo reconocerán nunca)
- Pues menganita en esto me hubiera apoyado (y luego te hubiera pedido prestada la visa)

Desde Quiero encontrar pareja os recomendaría que supiérais diferenciar entre el concepto de situación ideal y la realidad misma, y le diérais a la realidad la posibilidad de demostrar que -en ocasiones- supera cualquier ideal previamente elaborado.   


viernes, 9 de noviembre de 2012

Nunca es tarde para encontrar pareja (III)


Cerramos la trilogía que empezamos con los artículos Quiero encontrar pareja (I) y Quiero encontrar pareja (II), comentando algunas diferencias entre la manera de encontrar pareja por internet entre las personas de edad madura respecto de las más jóvenes. 

Las personas que ya acumulan una cierta experiencia vital desarrollan una doble vía de análisis/acción que a primera vista podría parecer contradictoria, pero no lo és. Una persona de cierta edad buscará con calma hasta encontrar la pareja que realmente visualice como ideal para una relación con cierta permanencia en el tiempo. A diferencia de los más jóvenes, este sector de la población no es impulsivo en la elección de la pareja adecuada ni lo basa todo a las apariencias. Saben lo que quieren y sobre todo saben lo que no quieren.

Eso sí, una vez tienen claro que han encontrado lo que buscaban no escatiman en medios para ir a por esa pareja ideal, y es entonces cuando muestran la presteza y la rapidez de acción que a la hora de escoger parecía faltarles. Una persona pasada determinada edad reconoce su complemento y no está dispuesta a dejar pasar los trenes.

Webs para encontrar pareja como psicum son perfectas para este sector de la población, ya que permiten buscar de manera milimétrica un tipo de persona a través de varios filtros de compatibilidad, y una vez encontrada proveen a sus miembros de una gran variedad de formas de contacto online y offline, siempre de manera íntima y discreta.




Nunca es tarde para encontrar pareja (II)


Continuando con lo expuesto en nuestro artículo nunca es tarde para encontrar pareja (I) , otra de las causas por las que el número de personas de mediana edad que quieren encontrar pareja se ha disparado en los últimos tiempos es precisamente internet.

Internet en sus diferentes manifestaciones -así como la tecnología en general- ha dejado de ser ya una herramienta sólo al alcance de los jóvenes, y poco a poco va ganando adeptos de generaciones anteriores a la comercialización de dispositvos con conexión a internet.
Y hete aquí que personas que a lo mejor por circunstancias habían empezado a renunciar a salir y darse la oportunidad de encontrar una pareja, de repente se encuentran con la posibilidad de acceder a un número ilimitado de personas en su misma situación y disponibilidad a través de webs para encontrar pareja como psicum.

De manera discreta, sin tener la sensación de repetir rituales que creían haber dejado atrás (el cubata en la mano, la música atronadora en la discoteca, el qué dirán...), sin riesgos adicionales, yendo a la velocidad que estimen oportuna, la posibilidad de encontrar pareja en internet les va a las personas de una determinada edad -y perdón por la expresión fácil- como anillo al dedo.


Nunca es tarde para encontrar pareja (I)


Lo habremos escuchado decir en infinidad de ocasiones, pero desde hace poco y debido a una serie de factores que ahora analizaremos, esta frase viene avalada por las estadísticas: nunca es tarde para encontrar pareja

Hasta no hace demasiado tiempo, una persona que superara los cincuenta años y que por azares de la vida se quedara (o permaneciera) sola, difícilmente podría aspirar a tener una pareja estable, bien por convencionalismos sociales, bien por falta de lugares de reunión, bien directamente por falta de interés.

En cambio, hoy es frecuente encontrar una pareja de nueva creación donde ambos sobrepasan con creces esta edad. Se ha hecho cierto por fin lo de que el amor no tiene edad

¿Las Razones?. Aparte de las culturales, una que precisamente podría parecer contrapuesta con lo expuesto, y que es el aumento del número de divorcios. Antes se llevaba a rajatabla aquello de "hasta que la muerte os separe". La pareja permanecía junta y fiel hasta el óbito de uno de los dos, y aún el que sobrevivía guardaba luto vitalicio (incluso aunque se hubiera enviudado a una edad temprana).

Hoy, en cambio, la proliferación de relaciones que se disuelven y cuyos miembros en consecuencia quedan libres para volver a encontrar pareja, y la propia percepción de que en cuestiones sentimentales difícilmente nada es para siempre, alimentan la posibilidad de estar abiertos al amor hasta edades muy avanzadas. 


Psicum: Encontrar pareja no tiene precio